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–¿En qué consiste el taller? Los programas parecen más bien técnicos, pero sospechamos que las prácticas no lo son...

–Trabajamos la formación técnica, por supuesto, pero apoyada en autores que nos sirven para poder introducir un tema de lenguaje, complementario a la tecnología. Los alumnos vienen de carreras como diseño de imagen y sonido, diseño industrial, diseño gráfico y tienen un promedio de edad entre diecinueve y veintitrés años; la relación que traen con la imagen y lo tecnológico es vastísima; están bien entrenados en ese sentido; conocen los formatos y los códigos de televisión, video, etc. Lo que trabajan en el taller es un ejercicio crítico sobre eso: un enfoque distinto. Por otra parte, y en afinidad con la tendencia académica de la facultad, a lo largo del taller cada uno compone un ensayo personal, sin pautas temáticas establecidas, con intereses propios. Esto enriquece más la cursada, porque la presentación final es de una variedad tan grande que el aprendizaje no sólo se remite al docente sino al panorama compartido entre los propios alumnos

–En lo que hace a las fotografías que estamos viendo; una mirada superficial sobre tu obra quizás se quedaría en “¿qué hay de particular en una foto pintada?” ; es decir, supondría erróneamente la “truca”, el collage, el patchwork...

–Precisamente, nosotros en el taller también trabajamos mucho esta cuestión.

¿Qué tiempo le dedica a acceder a la imagen cada observador? Hay una diferencia entre la velocidad que pide la ‘mass media’, cuyos lapsos son tiránicos, y considerar la imagen como el inicio de una instancia reflexiva; el principio de un pensamiento. La obra tiene esa capacidad que lo publicitario no acostumbra. En este sentido corresponde una evolución: si archiváramos la idea del dibujo en los términos tradicionales del plano y la línea, y no como la pintura en el espacio, o el uso de un cable a modo de trazo, etc., probablemente nos quedaríamos con muy poco. Trasladar al espacio un dibujo plano, que luego vuelva a remitir al plano en su versión fotográfica, puede ser, también, parte del dibujo. Un ejemplo de este planteo pudo verse en la muestra que realicé en el Malba: el público veía el dibujo desarrollado en el espacio expositivo y, a la vez, como una representación plana en una pantalla que transmitía la recomposición de la figura en tiempo real. Esto tiene antecedentes, por ejemplo, en los estudios espaciales post-renacentistas hechos por el propio Miguel Ángel. Ese es, dicho sea de paso, el referente que a mí me determinó en lo relativo a las “Proyecciones Anamórficas”.

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